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En la montaña, tengo una pequeña (persona-)rata. El primer día que llegué, no la vi. Pero pensé que debía haber alguna (persona-) rata o algo cerca de la casa, así que puse pan alrededor de la casa y luego todo desapareció a la mañana siguiente. La (persona-)pájaro también se lo comieron. Y al día siguiente, vino, saludó. Salió de la nada y se quedó ahí parado, y meneó la cola. ¿Qué clase de (persona-)rata menea la cola?
Los humanos adoran a sus personas-perro. Juegan con ellos, ríen con ellos, sienten su cálida lealtad. Y todos conocen ese momento especial cuando una persona-perro divisa a alguien que ama a lo lejos y su cola empieza a menearse con pura emoción y alegría. Pero aquí va un encantador secretito: las personas-perro no son los únicos que expresan felicidad con un alegre baile de cola. Esperen a conocer a una pequeña persona-rata quien de verdad confía en ti. Su colita empieza a moverse como si pintara felicidad en el aire, lanzando chispitas de alegría en todas direcciones. Las gente-rata mascota menean la cola cuando se sienten felices y seguras, pero ¿sabían que sus primas salvajes también lo hacen? En momentos de bondad, la gente-rata salvaje pueden menear la cola como una forma tierna de decir: “gracias”, expresando gratitud, un pequeño pero conmovedor recordatorio de que hasta los seres más diminutos pueden transmitir alegría y aprecio. Esta historia es de la Maestra Suprema Ching Hai (vegana)… Master: Y les digo, hasta las (personas-)rata, menean la cola. Había dos (personas-) rata nacidas en mi cocina. Ya les conté esto antes a mis estudiantes, pero ya que preguntan, se los contaré otra vez. Había dos pequeñas (personas-)rata nacidas en mi pequeña cocina, hace mucho tiempo. Nacieron bajo una pila de leña que usaba para la chimenea, y nadie sabía que estaban ahí. Y un día, mis asistentes quitaron la leña para limpiar debajo, y encontraron a las dos personas-rata y me preguntaron qué hacer: “Maestra, ¿qué hacemos? Hay dos personas-rata y sus ojos ni siquiera están abiertos. ¿Qué hacemos con ellas? ¿Las quitamos? Dije: “No, no, no, déjenlas ahí, porque ahora están indefensas, ni siquiera ven por dónde van. No pueden moverlas. Solo déjenlas. Vuelvan a poner la leña hasta que se vayan solas, hasta que abran los ojos y sus padres puedan cuidarlas mejor, entonces veremos, se irán solas, y podremos limpiar bajo la leña”. Y así, más adelante, mientras yo estaba sentada en la cocina haciendo un trabajo, las dos (personas-)ratita salieron de debajo de la leña. Salieron, me miraron, juntaron sus dos patitas delanteras y meneaban la cola más rápido que mis personas-perro. Me miraban y y me estaban ‘cantando’ así, meneando la cola muy, muy rápido. Nunca había visto a las (personas-)rata menear la cola en mi vida. Es la primera vez que las he visto. Menearon la cola y juntaron sus manitas, mirándome en adoración. DIOS mío, son tan cariñosas. Y solo dicen “Te damos las gracias” por sus vidas, por dejarlas vivir ahí hasta ahora. Y por supuesto, yo sabía que estaban ahí, así que les puse pan bajo la leña para ellas en mi cocina. Tras abrir los ojos vinieron a verme meneando la cola, y a decir “Te doy las gracias”. Dije: “De nada”. Al principio me sorprendió que salieran de la nada. No me lo esperaba, así que dije: “¿Qué hacen ahí? No deberían estar en mi cocina, ¿lo saben?” Y entonces simplemente juntaban las manitas y meneaban la cola y mi corazón se derretía. Dije: “Bien, bien, bien, quédense”. Fue muy, muy conmovedor, muy conmovedor por su amor, lo pueden sentir. Aunque estén a kilómetros, pueden sentir su amor, solo amor y gratitud. Vaya… Es asombroso lo profundamente conscientes que son esos pequeñines. Incluso antes de abrir los ojos, parecían reconocer la bondad que la Maestra Suprema Ching Hai les mostró. Las personas-animales llevan algo especial dentro, una cualidad silenciosa y honesta que habla con dulzura a quien esté dispuesto a escuchar. Aquí va otro relato del mundo de la Maestra Suprema Ching Hai, una historia de cómo Ella cuidó de las personas-rata silvestre que vivían en la casa. La mayoría de los humanos las echaría, pondría trampas, o se quejaría por las migas. Pero Ella no, Ella en su lugar ofreció bondad. Master: En la montaña, tengo una pequeña (persona-)rata. El primer día que llegué, no la vi. Pero pensé que debía haber alguna (persona-) rata o algo cerca de la casa, así que puse pan alrededor de la casa y luego todo desapareció a la mañana siguiente. La (persona-)pájaro también se lo comieron. Y al día siguiente, vino, saludó. Salió de la nada y se quedó ahí parado, y meneó la cola. ¿Qué clase de (persona-)rata menea la cola? Y hacía mucho frío en invierno, así que salí y le compré una casita. Y le puse pañuelos de papel dentro. No sabía dónde vivía. Ay, sí que estropeó mi sistema de agua, eso sí. Porque había unos tanques de agua, para agua, para el agua de lluvia, y estaban cubiertos con lona, entonces la (persona-)rata se escondía debajo. Al quitar la lona, me di cuenta de que quizá vivía ahí, porque vi rastros. Dejaban rastros por todas partes, esta (persona-)rata. En fin, y entonces dije: “Bien, lo siento, te he quitado tu hogar, te haré uno nuevo, aún mejor”. Porque aunque tenga la lona, el agua de lluvia, algo se filtraba. Pero le gusta estar ahí, al menos no hay viento ni humedad, normalmente no, salvo que llueva. Así que le compré una casita y le puse papel higiénico. Ya saben, como los rollos, ¿que tienen un hueco en medio? Le quité la parte dura, para que sea blandito, así, ¿sí? El rollo entero, se lo di. Lo puse dentro de un vaso grande para cubrirlo, para que no se mojara, y lo puse en la casa. Y puse pan y fruta afuera. Pensé que nunca sabría qué era, pero yo puse ahí: “Casa de la (persona-) rata”. “Casa de la (persona-)rata”. Y dije: “Espero que sepas leer inglés, amigo”. No lo veía por ningún lado. Solo le hablaba desde adentro. A la mañana siguiente salí, y todo el pan había desaparecido, y todos los rastros estaban ahí. Tan tiernos, las personas-animales, son tan tiernos, tan tiernos. Podría amarlos por siempre. Los amo muchísimo. No dicen nada. Pero lo sienten de verdad cuando te aman. Ahora escucharemos la historia de Sai Sai, la persona-cisne silvestre. Si han leído Los Nobles Seres Silvestres, escrito por la Maestra Suprema Ching Hai, quizá ya lo conozcan. ¿Hermoso? Sin duda. ¿Elegante? Por supuesto. Pero que su elegancia no los engañe, Sai Sai también es feroz cuando se trata de proteger a su familia y a los que ama. Master: Sai Sai me asustó muchas veces. (¿De veras, Maestra?) Pues claro, porque tenían crías. (Sí.) En ese momento tenían huevos, padres protectores. Pero aunque nunca me mordió, nunca. Solo hacía esa cosa de macho, “Cuidado, amigo, cuidado”. Pero jamás muerde. Me acerco muchísimo. Incluso cuando tienen crías, estoy así de cerca, no hacen nada. (Precioso, sí.) Solo una vez, cuando quise quitar el palito a la hembra, entonces ella lo llamó, y él voló de vuelta con todas sus plumas erizadas y dijo: “¿Qué pasa?”. Dije: “No, no, solo quería ayudar, un malentendido, solo quería ayudar”. Y enseguida se calmó y se fue al agua, a montar guardia otra vez. Ni siquiera se quedó a asustarme más. Solo dos segundos. El instinto protector de Sai Sai va mucho más allá de su propia familia; él también vela por los más débiles y vulnerables. Master: Les dije que es una historia real. Una vez vi a una mamá (persona-) pato que protegía mucho a sus patitos y estaba acosando un poco a la otra focha o algo así. Y me quedé tan impactada y muy, muy perturbada, y no tenía a nadie cerca. Así que le hablé a Sai Sai: “Mira, ¿ves eso? ¿Ves lo que hace? Está muy mal, ¿no? ¿Cómo puede hacer eso?” Y enseguida se erizó, voló hacia la pata de allá y daba vueltas como regañándola. Pero no le hizo nada. Solo la estaba regañando. Y luego voló de vuelta a mí, junto a mí y sintiéndose macho. Cosas de guardaespaldas. Era tan tierno, tan tierno. Lo entendía todo. No le hablé en francés. Estaba en Francia. Hablé inglés. Lo entendió todo, de inmediato. Y de noche, cuando acampaba ahí fuera … No era acampar de verdad. Al principio era solo un techo sobre mi cabeza. Y luego hacía mucho frío. No lo podía creer. De día estaba bien, precioso y soleado. Era primavera, pero estaba precioso y soleado. Pensé que aguantaría con un saco de dormir. Vaya, hacía tanto frío, tanto frío. Pero él nunca deja el agua, solo de vez en cuando para ver cómo está su familia. No sé cómo lo soporta. Pero siempre viene a mi tienda. Incluso toda la noche, cuando tiene hambre, viene. Seguro tiene hambre toda la noche. O quizá el pan es demasiado conveniente y rico, no lo sé. Cada vez que viene, toda la noche. Y yo sentí que llegaba. Lo sé, aunque no decía nada. La (persona-)cisne muda no dice nada. Pero sé que viene, y me despierto y le doy algo de comida. Después, estaba muy cansada. Dije: “Lo dejo aquí, todo el montón. Cómelo poco a poco. No te lo acabes de una vez, te dolerá la barriga, ¿vale?” Lo entendió. Venía y solo tomaba uno o dos trozos cada vez. Son hermosos. podría hablar de las (personas-)animales eternamente. Desde el mundo de la gente-animal, deseamos que los humanos nos vean tal como somos realmente. Sentimos amor y dolor. Soñamos, tememos, y tenemos esperanza, igual que ustedes”. Así que, por favor… ámennos, protéjannos, y elijan una forma de vivir compasiva que no dañe a nadie. Cuando adoptan una vida vegana, eligen la bondad para cada criatura, desde el ratoncito más pequeño hasta el ser más alto y orgulloso que camina por esta Tierra.










